¿QUE ES UN ESTADO LAICO?
Ana Güezmes
El Estado laico no debe reconocer a ninguna religión, son los creyentes los que deben hacerlo.
Un Estado laico significa que iglesias y Estado están realmente separados, y dónde el Estado no sólo es neutral (aconfesional), ya que debe intervenir para ubicar a las creencias en el ámbito privado, aunque los creyentes y sus organizaciones puedan tener manifestaciones en el espacio público.
Implica que las religiones se sometan a las leyes comunes.
En ese sentido es importante revisar los privilegios tributarios, educativos, y en materia de participación que tiene la iglesia católica en América Latina.
El Estado laico tampoco debe reconocer a ninguna religión, son los creyentes los que deben hacerlo.
La democracia es laica o no es democracia.
Los Estados confesionales como el Vaticano o Irán no se legitiman en la soberanía popular y contradicen el principio mismo de la convivencia democrática.
El laicismo a la luz de los compromisos ya asumidos en materia de derechos humanos implica que el Estado está obligado a
1) establecer la garantía individual de la libertad de conciencia, la libertad de cultos y la igualdad de los mismos ante la ley
2) hacer que las autoridades civiles respeten y hagan valer el orden plural y democrático de la sociedad, y elaboren políticas en un marco de derechos humanos;
3) vigilar la obligación de los funcionarios públicos de tomar decisiones apegados a las leyes y no con base en sus creencias personales.
¿ES LA RELIGIÓN INOFENSIVA?
Richard Dawkins
http://es.wikipedia.org/wiki/Richard_Dawkins
Muchos de nosotros veíamos a la religión como una tontería inofensiva.
Puede que las creencias carezcan de toda evidencia pero, pensábamos, si la gente necesitaba un consuelo en el que apoyarse, ¿dónde está el daño? El 11 de septiembre lo cambió todo.
La fe revelada no es una tontería inofensiva, puede ser una tontería letalmente peligrosa.
Peligrosa porque le da a la gente una confianza firme en su propia rectitud. Peligrosa porque les da el falso coraje de matarse a sí mismos, lo que automáticamente elimina las barreras normales para matar a otros. Peligrosa porque les inculca enemistad a otras personas etiquetadas únicamente por una diferencia en tradiciones heredadas. Y peligrosa porque todos hemos adquirido un extraño respeto que protege con exclusividad a la religión de la crítica normal.
¡Dejemos ya de ser tan condenadamente respetuosos!




