UNA GAUCHADA AL SALIR DEL TÚNEL
Reflexiones Peruanas Nº 259
Wilfredo Ardito Vega
-¡A Lima! ¡A Lima! ¡Falta uno para salir! –gritan los jaladores, corriendo en medio del tráfico para disputarse los posibles pasajeros, que aferran sus mochilas y maletines.
He llegado al cruce de las avenidas Real y Mariátegui en Huancayo para abordar un colectivo a Lima y podría pensar que estoy siendo atacado por una nube de pirañitas, de no ser porque los jaladores están entrados en años y subidos de peso. Unos policías conversan indiferentes, parados en una esquina.
Finalmente, subo a un automóvil de color verde, luego de cerciorarme que, en realidad, soy el único pasajero que falta para salir. En el asiento delantero viaja un adinerado médico huancaíno, de unos sesenta años, que parece conocer desde hace tiempo al chofer.
Le pido dos o tres veces al chofer que se ponga el cinturón de seguridad, pero él se encoge de hombros. El médico, también sin cinturón, me mira como quien hace una recomendación absurda y le insiste al chofer que debe llegar temprano a Lima para un compromiso.
Pilcomayo, Sicaya, Sincos, Mito... los pueblos de la margen derecha del Mantaro se suceden unos tras otros en la carretera, sin que el colectivo aminore la velocidad al atravesar ninguno de ellos. En la ruta, el vehículo adelanta a todos los vehículos que encontramos, sin respetar curvas ni pendientes. Entretanto, quizás para relajar a los pasajeros, el chofer coloca un disco de una cantante andina, para mí desconocida. Las canciones están llenas de reproches y sufrimiento. Cuando llegamos a La Oroya, al menos quince veces han traicionado a la pobre mujer.
-Voy a conseguir los boletos –dice el chofer.
Para mi sorpresa, no vamos a un paradero o una agencia de colectivos... sino a una tienda de “venta de boletos”. Una señora de cabello teñido y modales toscos vende boletos registrados por Sunat para la ruta que uno quiera: Huánuco, La Merced, Cerro de Pasco o Lima, de ómnibus o colectivos. Resulta extraño cómo la informalidad se disfraza de formalidad.
Reanudamos la marcha y encontramos muchos más camiones, ómnibus y colectivos y a todos el chofer adelanta temerariamente. Reemplaza a la sufriente cantante por unos boleros especialmente tristes, mientras conversa con el médico sobre algunos conocidos huancaínos.
Después de Casapalca, encontramos sucesivos túneles. El médico comenta cuán largo le pareció el túnel San Gottardo, que atraviesa los Alpes. El chofer no le presta demasiada atención, porque está concentrado en adelantar a otro vehículo, en pleno túnel.
A la salida, encontramos un patrullero y un policía nos hace señas para detenernos.
-A propósito se ponen allí para sorprender a la gente –protesta el chofer, totalmente inconsciente que ha cometido una infracción.
-Dale esto –le dice el médico, entregándole diez soles -. Dile que estamos apurados.
El chofer se baja y se dirige al policía. Ambos se alejan y las negociaciones parecen prolongarse de manera inusitada. Cuando por fin éste regresa, enrumba la marcha sin hablar.
Sólo varios kilómetros después explica lo que sucedió:
-Te atraco los diez soles –le había dicho el policía -, pero tienes que hacerme una gauchada.
Hasta donde yo recordaba, gauchada era una buena acción, pero este caso es diferente: a la salida del túnel estaba otro vehículo estacionado, donde viajaba una familia. La gauchada solicitada era que el chofer fingiera que le pagaba al policía una suma mucho mayor para evitar que le quitara la licencia.
-Así tenía asustado al pata que estaba en el auto y a su señora – indica el chofer.
-¡Cuánto le irá a sacar! ¡Acaso setenta soles! –añade el médico.
Ellos comentan algo que ya sé: que las familias viajeras son el blanco predilecto por los policías extorsionadores. Yo pienso en cómo la falta de escrúpulos puede hacer que colaborar con una extorsión parezca una buena acción. El chofer está también habituado a ese mundo: él cuenta que, cuando algún policía nuevo le reclama una suma elevada, él insiste en ir a la comisaría. Sabe que a los policías no les conviene porque el comisario se quedará con toda la coima.
Recién entonces me entero que se trataba de un chofer “periodiquero”, es decir de aquellos que cada mañana llevan los periódicos limeños a Huancayo, y por eso realizan múltiples maniobras arriesgadas.
En los meses siguientes a este episodio he hecho el recorrido entre Huancayo y Lima varias veces (evitando siempre a los “periodiqueros”) y siempre he visto policías detener vehículos para realizar cobros por infracciones reales o supuestas. En ocasiones, se paran en la mitad de la pista, con la mano extendida, como mendigos uniformados. A veces piden la gauchada de una jalada gratuita a Huancayo o Lima. Últimamente, algunos choferes prefieren seguirse de frente, mirando a los policías con desdén. Me pregunto: ¿cómo puede respetarse la ley si quienes la deberían hacer cumplir se comportan de esta manera?
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Además....
-Con una romería en la Curva del Diablo se conmemoró un mes de la trágica muerte de al menos quince policías, cuatro indígenas awajún y un rondero de San Ignacio, así como las muertes ocurridas en Bagua, Bagua Grande y la Estación 6. Mientras la familia del mayor Felipe Bazán exige que se ubiquen sus restos, la Defensoría del Pueblo emitió un informe donde señala que los jefes de casi cuarenta comunidades nativas han indicado que han logrado ubicar el paradero de todos sus integrantes.
- Como sucedió con los awajún, la pobreza, el abandono y las concesiones mineras realizadas sin consultar a la población han generado fuerte descontento en la provincia cusqueña de Chumbivilcas, lo cual desencadenó en un violento conflicto el pasado 2 de julio. El campesino Remigio Morales falleció por un disparo policial, mientras que por varias horas otros pobladores impidieron que el capitán Herbert Montes de Oca fuera trasladado al Cusco, pese a que también estaba herido de gravedad.
-Hablando de conflictos generados por empresas mineras que usurpan tierras de comunidades campesinas, la señora María Magdalena Ozeta fue víctima de varios machetazos por parte de integrantes de la ONG Integrando, vinculada a la empresa minera Majaz en Piura. La señora Ozeta ha sufrido una lesión cerebral.
-Pese al rechazo generalizado a su gestión y a su responsabilidad en la muerte de 24 policías el 5 de julio, fue condecorada Mercedes Cabanillas, por la Policia Nacional.
-Hablando de tragedias que no deberían ocurrir, 27 muertos generó un nuevo accidente de carretera en la ruta entre Arequipa y Puno. Además de las malas maniobras de los conductores, otra causa de los accidentes es la existencia de un solo carril en la mayoría de carreteras peruanas.
-Millones de limeños se vieron afectados por el paro de los transportistas del 30 de junio, al que se sumaron hasta los mototaxistas. Muchas personas sostienen que en lugar de protestar por las elevadas multas, deberían evitar cometer infracciones. Ellos replican que las cometan o no, los policías corruptos aprovecharán el nuevo reglamento para extorsionarlos.
-Felicitamos al Gobierno Regional de Junín por el interés en aprobar una Ordenanza Regional contra la Discriminación. Esperamos que ésta se concrete pronto. De esta forma, Junín sería la cuarta región en contar con un dispositivo legal para combatir la discriminación en todas sus formas.
-Hablando de Ordenanzas para beneficiar a los ciudadanos, felicitamos a las Municipalidades de Miraflores y San Borja por la nueva regulación referida al consumo de cigarrillos en lugares abiertos al público. Hasta la fecha solamente San Isidro había emitido una Ordenanza en este sentido.
El aporte (Sobre la RP 258: Alberto Andrade y la Cultura Criolla).
-Ha sido impresionante el cariño y gratitud que he visto en estos días hacia Alberto Andrade, particularmente durante la permanencia de su féretro en la Municipalidad de Lima, a pesar del boicot de Castañeda que prohibió y desmanteló el estrado donde se apuntaron mas de 60 artistas, prohibía ingreso a artistas ataviados en ropas típicas de su región. Inclusive la policía municipal tenía orden de quitarles los instrumentos, para que tampoco la gente tocara adentro de la Municipalidad. Sin embargo, los artistas entraban y le cantaban a capela, mientras otro grupo denunciaba a la prensa los hechos. Vi cómo se fajó Edith Bar, que a punta de gritos logró pasar con su guitarra y su cajón. Ingresó también Maximo Damian con su violín y sus danzantes de tijeras y estuvo el carreta Jorge Pérez, entre otros que tuve la suerte de escuchar-.... Nunca vi tanto miedo a un cajón como lo que tuvimos que soportar con Castañeda... (Nora Bonifaz).
-…Y Andrade también rescató a Miraflores, mi barrio, de las garras de la prostitución y las drogas. Antes de su gestión era imposible caminar por el parque Kennedy sin ser atacada por pirañitas o caminar por mi calle sin verse rodeada de pases de drogas o prostitutas. Él llenó Miraflores de flores y bailes. Gracias a él, volvimos a estar orgullosos y orgullosas de nuestro barrio, como lo hicimos luego con Lima gracias al rescate del Centro Histórico. Se extraña realmente un Alcalde con tanto cariño por nuestro distrito. ¡Gracias, Andrade, por tu amor a nuestra ciudad! (Laura Balbuena).
-Lo que me gustaba de Andrade era que no solamente era criollón, sino que lo parecía, con panza cervecera y todo. Por lo demás demostró con harta alegría que se puede ser limeño sin dejar de ser peruano. Y eso es mucho más de lo que muchos pueden decir (Javier A. Bellina).
-Antes del valiosísimo aporte de Gastón Acurio otros levantaron ya la bandera de la comida peruana y es Andrade quien promueve diversos lugares del centro de Lima como sitio de comidas. Y más importante todavía es recordar que, junto a una Lima tradicional excluyente, hay una cultura criolla inclusiva, que en el juego, la fonda, el baile, el fútbol, etc., acogió a quienes han hecho nuestra ciudad. Alberto Andrade fue un representante de ese lado de nuestro ser peruanos (Walter Twanama).
-Los españoles que llegaron al Perú estaban habituados a “tomar prestados” elementos de otras culturas, tras ser ocupados por los árabes durante nueve siglos, hasta el mismo año en que zarparon hacia América. Los criollos tomaron el gusto artístico de los italianos, la estructura familiar y el sistema educativo de los alemanes, el sistema legal de los franceses... pero tuvieron más dificultades para asimilar la cultura andina, a pesar de una fuerte y prolongada convivencia con ella, porque veían a los indios como inferiores. Ese estigma racista ha prevalecido como la tara más importante que impide el desarrollo de una identidad peruana y, en consecuencia, del avance de nuestro país (Enrique Bossio).
-Hace unas semanas falleció una de mis abuelas y algunas tías observaron que quienes cargaban el féretro no eran negros, sino muchachos mestizos y andinos. Otra tía sostuvo que seguramente los negros eran muy caros. Yo pensé que se cobra más por los cargadores negros porque son más escasos.
Alguna vez mi papá me explicó que a esos cargadores negros antiguamente se les llamaban camulengues, una palabra portuguesa para designar a los esclavos. Felipe Pardo y Aliaga denomina José Camulengue a un esclavo negro en el poema El Tamalero.
En mi caso, hace varios años que he indicado a mis familiares que mis cargadores deben ser rubios. Ya es hora de equilibrar un poco la balanza, ¿no? (Un vecino de Jesús María).
La frase W:
En las carreteras peruanas, la banda que más extorsiona a los automovilistas se llama Policía Nacional.




