ALVA CASTRO ANTE EL CONGRESO DE LA REPUBLICA

Por Gustavo Espinoza M. (*)

Casi al mes de la Semana Trágica que culminara con una dolorosa secuela de destrucción y muerte en zonas andinas y costeñas de nuestro país, y cuando aún no se han cumplido los quince días de la detención de seis mujeres y un hombre en el puesto fronterizo de Aguas Verdes, en circunstancias que retornaban al Perú luego de asistir al II Congreso Continental Bolivariano celebrado en Quito; el Ministro del Interior del gobierno de García, Luís Alva Castro, deberá comparecer ante el Congreso de la República acosado por una Moción de Censura en su contra, planteada por las bancadas de la oposición, y más específicamente la Unión por el Perú y el Partido Nacionalista que lidera Ollanta Humala Tasso.

Aunque la correlación de fuerzas parlamentaria -que nada tiene que ver con la correlación de fuerzas real que existe en el seno de la sociedad peruana- hacen improbable la censura del titular del portafolio cuestionado; lo real es que el encargado de esa Cartera va al encuentro congresal virtualmente derrotado.

El sabe -y los medios de comunicación que lo ocultan también- que la opinión  ciudadana condena claramente el rumbo de la política interior del Gobierno porque percibe de manera categórica, que ella no se rige por criterios objetivos ni democráticos, sino por una dinámica de violencia impuesta al país al margen de la voluntad ciudadana  y cuya expresión más clara lo tiene el dispositivo legal que libera de responsabilidad a los miembros de las instituciones castrenses y policiales de cualquier pena por el uso indebido  de sus armas de fuego en la tarea de “disolver” manifestaciones hostiles al régimen.

El Decreto Legislativo Nº 982 no fue una norma casual, ni caída del cielo. Fue el resultado de una lógica concluyente que afirma la idea de acabar  con todo lo que signifique resistencia a los planes de dominación impuestos al país, con algunos altibajos, desde hace casi veinte años.

Un antecedente directo de esta norma  fue el decreto Supremo 738 dictado en noviembre de 1991 por el gobierno de Alberto Fujimori en uso de las facultades delegadas en ese entonces por el Congreso de la República.

Como aún se recuerda, en ella, la Fuerza Armada fue facultada a intervenir sin requerimiento previo “cuando haya una grave alteración del orden interno o haya inminente peligro de que esto ocurra”. Y era claro que sólo el propio gobierno tenía la posibilidad y el derecho, de establecer cuándo y en que circunstancia, esto podría ocurrir.

El condicional, que pone en manos de las autoridades definir en qué momento y de qué modo actúan, es en el fondo el mismo que usò recientemente el jefe de la policía peruana para acusar a las seis mujeres intervenidas en Aguas Verdes: habrían estado pensando en la posibilidad de hacer tal vez algo que pusiera en riesgo la estabilidad de las Cumbres que tendrán lugar en mayo y noviebre en Lima. Por eso, ahora, las detienen.
Y la detención logra por cierto, que la joven poetisa nacional Melissa Patiño Hinostroza y sus cinco compañeras de infortunio Damaris Velasco Huiza, Guadalupe Hilario Rivas, Armita Valladares Jara, María Gabriel segura y Carmen Azparrent Rivero, pasen el Día Internacional  de la Mujer tras las rejas en una cárcel del Perú, confirmando la esencia perversa del gobierno de García.

Claro que el mandatario no refleja en sus acciones el menor sentimiento de culpa por este hecho insólito e infausto. Antes bien, se enorgullece de haber actuado “con firmeza” para “combatir el terrorismo”, como asegura que lo hace él cada vez que se vale del Estado Terrorista para intimidar y amedrentar a las nuevas generaciones de luchadores sociales que hoy se multiplican en el escenario peruano.

Las cosas, sin embargo, no asoman tan simples para las autoridades de nuestro país. No solamente porque en los últimos treinta días el nivel de aceptación presidencial cayó de 39 a 33% en las encuestas más conservadoras, sino también porque el común de los peruanos va tomando conciencia que las cosas aquí no machan como asegura el oficialismo.

Si en enero de este año el 22% de los peruanos aseguraba estar algo peor o mucho peor que antes en el plano de la economía, hoy ese porcentaje se sitúa en un 36%, lo que da una idea que no solamente crece la pobreza, sino también el sentimiento de pobreza entre la población, lo que incluso resulta peor.

Acorralado el Gabinete Ministerial deberá entonces mostrar esta vez al titular del Interior dando penosas y evasivas explicaciones destinadas a justificar lo injustificable.

Tendrá que mentir, una vez más. Y decir que los campesinos asesinados por disparos de franco tiradores en las carreteras del Perú, murieron por efecto de perdigones disparados por ellos mismos y que, las “Casas del Alba”, tuvieron la culpa.

El Presidente García está en franco proceso de derrota y de aislamiento en el escenario nacional y latinoamericano.

En la última crisis político-militar de la región, fue el único mandatario que sacó la cara por Alvaro Uribe justificando, en nombre de “la lucha contra el terrorismo”, el brutal acto de guerra cometido en territorio ecuatoriano por la administración de Bogotá. Por eso no concurrió a la cita. Tal vez, le dio vergüenza, aunque todos sabemos que a esta última -la vergüenza- la perdió hace ya mucho tiempo.

Ahora, cuando su ministro se ve forzado a dar cuenta de los actos del gobierno en materia represiva, García prepara maletas para viajar al continente asiático. Pareciera que se siente más seguro en otros escenarios. (fin)

(*) Del Colectivo de Nuestra Bandera. www.nuestra-bandera.com
08/03/2008 12:56 Autor: peruinsolito. Enlace permanente.

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