LO PUBLICO Y LO PRIVADO

Por César Hildebrandt

Un experto en lenguaje gallináceo ha descubierto que a una cierta hora de la tarde, una hora que coincide con el cierre de las ediciones de ciertos diarios y de ciertos programas de la noche, dichas aves domésticas lanzan un largo cacareo que, debidamente descodificado, quiere decir algo parecido a esto:

“Ese tema pertenece a la esfera privada del señor Presidente de la República. Hacen muy mal los periodistas que se meten con la vida privada del señor Presidente de la República”.

Dice el experto que ese casi discurso emplumado está nítido en la columna de ayer lunes de un director de periódico y en algunas opiniones suscritas por distinguidas coleguitas ponedoras.

–Lo que pasa con esas comunicadoras es que están pisadas por el poder de la discreción –me ha dicho el experto. –Es el poder de la pluma pero mal entendido –ha añadido.

Tanto han cacareado algunos sobre lo público y lo privado, que hasta el doctor García Pérez ha tenido que salir para decir que un presidente de la República no tiene vida privada y reconocer que sí, que tiene un niñito de un año y nueve meses y que el vástago se llama como aquí lo nombramos y es hijo de quien aquí destacamos como una notable investigadora de la economía.

Por supuesto que el doctor García Pérez ha incurrido en nuevas y más hondas mentiras –porque ese es el destino de la mitomanía como maldición– pero no es el caso referirnos a ellas por ahora.

Sólo podemos decir que el semanario Caretas estaría preparando una foto exclusiva del último –¿será el último?– heredero del doctor García para ponerla en una carátula que calme el morbo noticioso y la sed iconográfica del caso. Felicitaciones sinceras a mi amigo Zileri por la primicia, en caso de concretarse.

La pregunta que, con cierta vergüenza gremial, hay que formularse es esta: ¿Por qué la prensa peruana será, por lo general, tan agachada?

La respuesta parece simple pero roza complejidades sociales y éticas. La prensa peruana es, por lo general, tan agachada porque no la hacen los periodistas sino los patronos, que utilizan páginas, ondas y cámaras para obtener beneficios mercantilistas en sus negocios paralelos –algunos de los cuales son bastante turbios–.

Gente que viene de vender empresas públicas a precio mafioso en Cepris de antifaz y diligencia, ¿cómo es que va a ejercer un periodismo audaz? Y como no puede hacerlo, insulta a quienes sí podemos a través de sus sicarios del word office.

Gente que viene de crear encuestadoras golpistas que operan en Bolivia con la anuencia de la embajada americana, ¿qué autoridad moral tienen para decirnos qué es público y qué es privado?

Gente que estuvo debajo o encima de la cama durante la francachela de Fujimori, ¿por qué diablos debería meter su cuchara (su cucharita) en una discusión entre periodistas decentes?

¡Y encima les salió el tiro por la culata! ¡Y encima tiene que salir el doctor García Pérez a decirles: “No me defiendan, compadres”! ¡Qué vergüenza!

¿Así que sí era relevante lo de Zaraí pero no lo del hijo hasta ayer escondido del doctor García?

¿Así que sí era relevante lo jamás probado de Lady Bardales pero no lo era lo de la señora honorable que dio a luz a Federico Danton?

¡Qué miseria moral la que vivimos!
¿Cómo no va a ser de interés público que un presidente reconozca que tiene un hijo que no es de su esposa, con la que se luce siempre amoroso, dichosamente monógamo, tan soldado a ella como la imagen del búfalo Pacheco a la historia del Apra?

¿Es que en esta sociedad de las apariencias la simulación es un capital y la máscara una virtud? ¿Somos una Venecia hecha por Sedapal y tenemos al Dux que merecemos? ¿O es que sólo tenemos la prensa que merecemos?

¿Cómo no va a ser de interés público que un presidente con antecedentes de una administración hipercorrupta admita dulcemente, aunque por presión de la prensa, que tiene un hijo que usa pañales “al que proveerá de todo lo que sea necesario”?

¿Cómo no va a ser de interés público saber que un presidente que carga, amoratado, el anda del Señor de los Milagros es también coherente con sus principios repentinamente católicos, ardorosamente apostólicos y definitivamente romanos?

¿No coincide la confesión de ayer, tardía pero bienvenida, con sus besos al anillo cardenalicio y esa cristiandad que parece hacerlo levitar con la mirada en blanco?

Los escribas resignados gozaron mucho con el habano de Mónica Lewinsky, pero,claro, eso no los ponía en peligro aquí, en los puestos que sólo abandonarán hasta exhalar su último suspiro limeño.

Cuando Mitterrand, siendo presidente de Francia, hubo de reconocer la existencia de su hija, descubierta por la revista Paris Match, no salió nadie de la prensa francesa a reprocharle al director de esa revista que había violado el pacto de encubrimiento que blindaba a los presidentes de la quinta República.

Al contrario, a partir de eso a nadie se le ocurre en Francia que los hombres públicos tienen un estatuto especial respecto del que, por ley, disfrutan los franceses de a pie.

Aquí no. Como la mayoría procede de una cierta y diversa esclavitud, del alma doblada en posgrados sucesivos y del himno nacional contradicho todas las tardes –a la hora del cierre–, meterse con “la vida privada” del presidente te cuesta insultos y desplantes.

Los hijos impulsan a grandes tareas –y a veces a grandes temeridades–. Pero merecen siempre el amor incondicional de los buenos padres. Cuentan que Temístocles, el famoso general ateniense, le dijo una vez a su hijo que era él, el infante, el ser más poderoso de Grecia. Al preguntar el niño por qué, Temístocles respondió:

–Porque los atenienses dominan a toda Grecia, yo gobierno a los atenienses, tu madre me gobierna a mí y tú gobiernas a tu madre. ¡Qué ternura!

25/10/2006 13:58 Autor: peruinsolito. Enlace permanente.

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