MONTESINOS DE LA DIRCOTE
César Hildebrandt
La Primera - Lima
Fuente: Ave Crítica
Benedicto Jiménez es un claro síntoma de la política peruana. De la política y de la sociedad del Perú. Es torpón hasta el desespero de su
interlocutor, ignaro como una alpargata, agresivo como cualquier borrasca. Y, encima, tiene un tumbao de picarón y una pizcota de
chantajista.
Ayer se arrepintió el señor Jiménez, abrumado por quienes le decían que había metido la pata y enterado de que el Ministerio Público ya
estaba decidido a empapelarlo. Pero con su rectificación y todo, el Benedicto detrás del crimen ha quedado dibujado.
La vergüenza es que siga siendo candidato del Apra. ¿Se lo imaginan en la alcaldía de Lima? Podría ser, según sus antecedentes, que grabe al director de obras haciendo algo feo y que use ese audio para extorsionar al susodicho y arrancarle sabe Dios qué informaciones
exclusivas o tales porcentajes misteriosos.
Repasemos su historia. El señor Jiménez ha confesado, jactándose de ello, que durante años mantuvo en su poder unas cintas de audio que registraron las primeras conversaciones entre Antonio Ketín Vidal, (a) Héroe Defenestrado, y Abimael Guzmán, (a) Presidente Gonzalo.
En dichos diálogos de náusea, Héroe Defenestrado trata a su prisionero como a un profeta galileo, como a un hombre que admira más allá de la morbosa empatía que puede darse entre cazador y presa.
Yo al principio creí que se trataba de ciertas suavidades para obtener la confianza del genocida, pero ahora que he leído bien la cosa me doy cuenta de que Héroe Defenestrado quería, cobardemente, congraciarse con Presidente Gonzalo suponiendo que éste podía ordenar a su maquinaria de asesinos no tomar represalias de nitrato de amonio en contra de su captor o de su familia.
Así de sencillo. Digamos que el miedo era comprensible, pero la reacción que tuvo Vidal ante ese miedo resulta imperdonable. Lo más
decente debió ser poner a su familia a buen recaudo durante el tiempo que hubiese sido necesario.
Bien, ¿pero cómo obtuvo Jiménez esos audios que conservó ilegalmente por tantos años? Metiendo un micrófono en la sala donde Ketín Vidal, que era su jefe, interrogaba al neanderthal marxista que se creía Zorba.
Por supuesto, Ketín Vidal no sabía que su subalterno había pinchado la habitación de sus diálogos cuasirománticos con la bestia. Eso sólo lo sabían el perpetrador de la escucha, o sea Jiménez, el señor Miyashiro, traidorazo a su manera, y un oscuro oficial que encima era
adjunto del pobre, en algún sentido, Ketín Vidal.
Más tarde, cuando Ketín Vidal quiso deshacerse de tan viscoso personaje, cuando ya empezaba la bronca de callejón por la disputa
sobre la autoría de la captura, cuando Ketín Vidal, en suma, debió alzar la voz y poner un puño fuerte en el escritorio, se encontró con
que los audios de Jiménez impedían cualquier despido, hacían de don Benedicto un intocable e instalaban en las más altas instancias de la
policía peruana la atmósfera del chantaje.
- Si me botas se enterarán de cuántas y qué mariconadas le has dicho a Abimael Guzmán. Yo de aquí no me muevo. ¿Entiendes, generalito?
Y aunque el diálogo antedicho sea invención de un biógrafo degenerado, la cuestión es que el generalito se quedó quietito. Y el Montesinos de la Dircote se pone pegapega en el asiento y en el fondillo y se ríe a diario mientras come su pan con chicharrón y sorbe su café cafetal.
O sea que estos cabrones terminaron pareciéndose, de muchas maneras, a quienes perseguían: "Por el sendero luminoso del chantaje".
Y luego viene Jiménez a decirnos que está muy preocupado por la seguridad ciudadana, que será el sheriff de la ciudad y entrará por la
puerta batiente del saloon a cargarse de un balazo en el centro de la frente al mandamás del crimen.
¿Pero cómo podrá un hombre que sobrevivió laboralmente gracias a la extorsión ser el Zorro de esta capital de coyotes?
¿Cómo un hombre que le ocultó a la judicatura, por más de catorce años, material que podría probar varias felonías y por lo menos una
traición moral al país, puede ahora ser tan conchudo y decirle al país que le demos el gobierno de una de las ciudades más corruptoras de
estas coordenadas?
¿Y cómo el Apra puede mantenerlo como candidato? ¿Qué audio podrá tener Benedicto Jiménez? ¿Será alguno de un jefazo aprista
telefónicamente interceptado cuando Fujimori, maestro de la extorsión, dio la orden de empezar a acumular expedientes sobre amigos y
adversarios?
¿A quién tiene en la mira de su Colt 45 el sheriff Benedicto? No se sabe. Lo que se sabe es que Jiménez debe de saber mucho y que por eso la película se ha congelado en este feo fotograma. Lo que se sabe es que Jiménez es el síntoma y el Apra, en este caso, la enfermedad.
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"Al amanecer, armados de una ardiente paciencia,
entraremos en las espléndidas ciudades" (Rimbaud).
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